A vueltas con mi padre, la PowerShot G9 y los RAWs.

abril 28, 2008

Hace ya bastante tiempo que compré mi primera cámara compacta, una Fujifilm FinePix E900 de 9 megapíxels. La usaba fundamentalmente para hacer robados y en aquellas situaciones en las que la réflex resultaba demasiado aparatosa. La máquina en sí nunca estuvo nada mal, puesto que contaba con la tecnología Super CCD de Fuji que permite, a efectos prácticos, extender el rango dinámico de las imágenes. Además, disparaba en formato RAW, a costa, eso sí, de que las fotos pesaran una barbaridad y de la consabida larga espera a la hora de guardarlas (cosa de 20 segundos). Actualmente la camarita ya no anda por casa y tampoco me planteé sustituirla hasta hace bien poco, puesto que decidí que, a pesar de todo, la calidad de imagen de la réflex compensaba con creces la “incomodidad” a la hora de transportarla a ciertos lugares.

Sin embargo parece que el tiempo no pasa en balde. Por un lado, uno observa que los revelados que actualmente ofrecen los laboratorios a los usuarios del tradicional carrete dejan mucho que desear. De hecho, su flujo de trabajo pasa por escanear a baja resolución (1024×768 las más de las veces) cada foto y luego imprimir de mala manera las imágenes así obtenidas. Los resultados ya se los puede imaginar prácticamente cualquiera: colores totalmente alterados, inexplicable ruido digital en fotos analógicas, pérdida de resolución general y, en suma, calidad de imagen deleznable. Por otro lado, mi padre, que sigue con la misma afición montañera de siempre, comienza a quejarse del peso de los equipos analógicos de toda la vida y dice que ya no le apetece cargar con la F90, la F100 y unos cuantos objetivos, máxime dada la calidad asquerosa que obtiene luego a la hora de revelar las fotos (y en esto último no le falta razón). Total, que al final, entre una cosa y otra, la solución pasaba por comprar una réflex Nikon (la marca que usa él) o bien adquirir una compacta de “gama alta” que le solucionara los problemas de peso. Esta última opción le sedujo bastante más, dado el tamaño de estas últimas cámaras, aunque, todo hay que decirlo, un poco a pesar mío, que hubiera preferido una D80 (sigue sin convencerme la calidad de imagen que ofrecen las compactillas).

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Las fotos de congelador.

enero 9, 2008

Hay veces que se hace un foto y uno inmediatamente aprecia que es buena. Sin embargo, resulta algo bastante raro, tiene que ser lo que típicamente llamamos un “fotón” para que ya, a la hora de previsualizarla en la cámara, te des cuenta de que has hecho algo especial. A mí me pasó en contados momentos: con algún macro, de vez en cuando en el estudio… en la inmensa mayoria de las ocasiones, sin embargo, la realidad es bien distinta. Vas paseando, hay algo por ahí que te llama y te decides a fotografiarlo, quizá incluso te gusta al verlo en el LCD. Pero luego, cuando cargas el RAW en el ordenador, te das cuenta de que aquello que te parecía tan interesante o tan llamativo es, la mayor parte de las veces, un mítico montón de mierda de estos que, en mi caso, no borro por puro recuerdo.

Existe, sin embargo, otra categoría de fotos que para mí es bastante importante. Son las que llamo fotos de “congelador” porque, después de dispararlas, no sabes muy bien que hacer con ellas. ¿Son buenas?, ¿son malas?, ¿te está afectando al juicio crítico la idea preconcebida de lo que querías hacer?. Estas últimas suelo guardármelas, a veces durante muchos meses, hasta que me decido o bien a procesarlas o bien a condenarlas al olvido del disco duro externo para siempre. Hace tiempo que un buen fotógrafo me recomendó hacer eso y, la verdad, no me arrepiento para nada de su consejo. De éstas, guardo muchas en mi galería e, incluso, en algunos casos, he visto como se convertían en algunas de mis imágenes más valoradas. Así, la archiconocida foto de mi amiga Aurora fue una de ellas. Lllevaba hecha muchos meses y un día estábamos dando una vuelta y comentamos “pues podíamos subirla a la red, a ver que pasa, parece que tampoco quedó tan mal, ¿no?”.

Aurora

(voy a ponerla una vez más, que nadie la conoce)

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A falta de pan, buenas son tortas (o la cámara del Nokia E65).

diciembre 1, 2007

Hace ya tiempo que compré mi primera cámara compacta. Tuve una Fuji con Super CCD de 10 megapíxeles y, aunque no muchas, alguna alegría sí que me dio en momentos puntuales. La verdad, sin embargo, es que no la usaba demasiado, de modo que la presté y, posteriormente, renuncié a ella de forma voluntaria. Actualmente, si bien nunca imaginé cual sería su destino final en el momento de adquirirla, imagino que la Fuji lleva una vida relativamente tolerable y sigue operativa (recordemos que carece de espejo).

El caso es que, en contadas ocasiones, uno vuelve a echar de menos tener una compacta a mano, sobre todo durante esos viajes relámpago que a veces obliga a realizar la profesión. El primero fue un congreso en Málaga, hace unos dos meses, el segundo, una breve estancia en Madrid durante la semana pasada con motivo de cierto simposio. Con todo, como le decía a David, a falta de pan buenas son tortas, de modo que, aunque no llevé la réflex (lo siento cris :P) no me pude resistir a sacar el móvil durante un paseo por la zona financiera de la ciudad y utilizar su camarita integrada para realizar alguna chapuza. Por desgracia, actualmente tengo un Nokia E65 que, si bien no está nada mal, no resulta una maravilla fotográficamente hablando (sólo 2 mp), de forma que decidí, como último recurso, utilizarlo para intentar hacer fotos panorámicas. Pensé que, si cubría una zona determinada con un número suficientemente elevado de capturas tomadas a pulso quizá el PTGui podría ser capaz de montar la imagen final y salvar, en cierta medida, la situación. Y la verdad, una vez más, el programa me sorprendió gratamente. Al final, logré componer la escena completa que buscaba reflejar a base de utilizar 45 fotografías como base. Evidentemente, la toma final presenta bastante ruido y tuve que procesarla con mucho cuidado en Photoshop, pero sus 10,5 mp finales permitirían ampliarla a 36 x 20 cm y 300 ppp muy dignamente. De hecho, haré la prueba tan sólo por curiosidad.

Madrid, centro financiero.

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Sesiones de verano: un cambio de rumbo.

octubre 10, 2007

Los que me conozcan un poco y también sepan de lur, sabrán que varias veces al año nos reunimos para vernos y disparar algunas fotos. A veces, las sesiones que realizamos son fruto de mantener largas charlas y definir bastante bien lo que queremos conseguir. En otras ocasiones, sin embargo, lo organizamos todo más o menos sobre la marcha. Sin embargo, hasta ahora habíamos trabajado siempre con un denominador común: la presencia de sangre, armas, elementos violentos y estilos más o menos fúnebres. La verdad, sería ridículo negar que nos sentimos cómodos con el tema. Con todo, las sufridas modelos también tienen su corazoncito y resulta que no siempre les gusta verse embadurnadas de porquería o con una máscara de gas encasquetada, de modo que este año decidimos dar un giro al trabajo y cambiar la orientación del mismo para intentar mostrar, por una vez, lo mejor de las señoritas fotografiadas :D. Fruto de esa idea nació la sesión de esta pasada temporada veraniega, para la que contamos con Amaia (que ya tuvo la paciencia de trabajar con nosotros varias veces) y también con Maite y Sol, a las que yo no conocía.

Decidimos dividir el trabajo en dos sets independientes (realizados en días consecutivos) y buscar fotos que tuvieran estética un poco comercial. Además, dado que la última vez habíamos utilizado una luz difusa muy suave y plana, también pensamos que sería buena idea cambiar radicalmente el planteamiento, generando en muchas ocasiones contrastes fuertes dentro de una misma imagen.

A lo largo del primer set simulamos una iluminación natural. Para ello, utilizamos tan sólo un Broncolor Cumulite suspendido del techo que apantallamos convenientemente y cuya luz rebotamos en un reflector. Los resultados que se obtienen son sencillos pero resultones. La iluminación es muy similar a la que podríamos conseguir utilizando una simple ventana orientada al norte, aunque los brillos resultan un poco más acusados que si estuviéramos trabajando realmente en esa situación. A cambio de eso, el uso del flash permite situar perfectamente los puntos de luz y definir los centros de atención dentro de la foto con comodidad. Las tomas, sin ser tremendamente espectaculares, funcionan correctamente tanto en blanco y negro como en color, a gusto del que las procese.

Amaia.

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Peor imposible.

septiembre 6, 2007

Seguro que a todos os ha pasado alguna vez. Estáis sentados tan tranquilos y, de repente, recibís la noticia de que para el día siguiente, a las doce como mucho, tiene que estar hecha una foto que se necesita para tal o cual cosa. Es algo que a mí me sucede de vez en cuando (aunque no viva de la fotografía) y a lo que se enfrentan la mayoría de los profesionales cotidianamente. Sin embargo, el caso de ayer fue un poco especial y bastante más demencial de lo que me esperaba. Veamos los antecedentes del asunto: yo actualmente trabajo en el edificio Santiago Gascón del Campus del Cristo, en Oviedo. La construcción aloja, básicamente, la Facultad de Bioquímica junto con algunos laboratorios en las plantas superiores, laboratorios donde unos cuantos desarrollamos todos los días nuestra actividad. El caso es que el nombre de la edificación no es precisamente casual. Santiago Gascón fue rector de nuestra Universidad y un científico eminente, de modo que se está confeccionando una publicación que contiene todos sus artículos y en la que, como no, debe aparecer una foto del edificio homónimo. Realizar esa foto fue, precisamente, mi tarea, puesto que ayer mismo nos dimos cuenta de que ninguna de las imágenes que se habían tomado hasta ahora era apropiada para la impresión. La cosa no hubiera tenido mayor importancia si hubiéramos contado con un poco de tiempo pero, dado que sólo había 24 horas y ya no se podía avisar a nadie para que al día siguiente la zona estuviera un poco despejada, asumí que tendría que hacer frente al problema como buenamente pudiera.

 

Edificio Santiago Gascón.

(pincha en la foto para verla más grande).

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Lord Pakete y la composición de fotos panorámicas.

mayo 23, 2006

Lord Pakete y la composición de fotos panorámicas.

Hace no muchos días disfrutaba una infusión en compañía del ilustre Lord Pakete. Estábamos sentados en la terraza del café de un gran parque y veíamos, ociosamente, las palomas revolotear entre nosotros mientras intentaban escamotear los restos de algunas mesas. Nos habíamos reunido allí con intención de realizar ciertas fotografías, pero al estar el cielo demasiado gris y brillante desistimos en nuestro empeño y comenzamos a hablar de forma distendida.Opinaba el distinguido Lord que los cielos azules y las luces de mediodía, a la hora de realizar ciertas panorámicas, aportaban mucho dramatismo a la escena siempre y cuando hubiera alguna nube y se viraran convenientemente las imágenes. No pude menos que estar de acuerdo con él y rápidamente nos vino a la mente la fotografía de la entrada del cementerio de Comillas, que tomé en un reciente viaje.

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Blanco y negro, filtros y Photoshop.

febrero 28, 2006

En esta ocasión vamos a ponernos serios y mostrar un nuevo uso del mezclador de canales de Photoshop (aunque cualquier otra aplicación que disponga de esta herramienta es igualmente válida) que permite simular la utilización de los filtros de color que se montaban antiguamente en los objetivos para enfatizar ciertos tonos y aportar dramatismo a las fotografías en blanco y negro. La información proviene de Pbase Magazine nº3 y es cortesía de Glenn E. Mitchell, pero ha llegado hasta mí nuevamente de la mano de Aitor, que a su vez la recibió de Bark (gracias :D).

Blanco y negro, filtros y Photoshop.

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