El parque.

Pocas cosas hay más deprimentes que el parque durante estas fechas invernales. Si bien durante la primavera y el verano resulta un lugar cálido y agradable, cuando llega el invierno cambia y presenta su aspecto más ingrato. Los árboles se convierten en simples tenedores que apuñalan el cielo y, lo que es peor, los cormoranes negros de capucha blanca vienen a posarse, día tras día, sobre el estanque gris con total indiferencia. La luna, por su parte, observa durante las noches el penoso espectáculo. Me imagino que se piensa superior al parque y todo lo que lo rodea ya que, al menos, ella muestra la misma cara durante todo el año. A pesar de todo, el pequeño cuerpo celeste se equivoca, cada cierto tiempo la vergüenza es superior a él y se va.

El parque.

El parque.

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