Del fuego a los brasas.

Muchas veces, bien porque estoy probando alguna cámara, bien porque me apetece simplemente dar una vuelta por la ciudad para ver si encuentro algo interesante, me veo con el equipo a cuestas por Gijón, haciendo fotos aquí y allí. A veces disparo a cosas totalmente insulsas, con la única intención de observar el bokeh de un objetivo, o bien su barrileteo, o el nivel de ruido de tal o cual máquina, y otras veces me dedico a hacer robados o panorámicas, según el día. El caso es que, haga lo que haga, no es para nada raro que al final se forme un pequeño grupito de observadores curiosos, cuyo tamaño es directamente proporcional al de la lente que lleve montada en ese momento. Según esto, el día que más espectadores tuve fue aquel en que decidí, haciendo una prueba para Caborian, disparar con el Canon EF 400 mm f/2.8 a un contenedor destinado a recoger cacas de perro. En aquella ocasión fueron bastantes los curiosos que miraban, con todo detalle, la pequeña estructura metálica a fin de descubrir qué tendría de mágico para que alguien se dedicara a hacerle fotos y más fotos con un objetivo tan enorme.

Del fuego a los brasas.

Por suerte, a día de hoy los curiosos no me molestan mucho, o nada en absoluto. Antes, hace años, me daba una vergüenza terrible salir a la calle con la cámara, porque siempre era objeto de miradas, pero ahora, la verdad, ya no me importa. Se ve que todo termina superándose de un modo u otro, menos los asuntos de la muerte, como decía mi abuela, persona sumamente sabia porque, de hecho, terminó muriéndose.

La que todavía no tengo asumida es la gente que me da conversación. Bueno, miento, no me molestan aquellos que me permiten conversar, de hecho me agrada, lo duro llega cuando alguien sólo te ofrece monólogo de forma posesiva. Y el caso es que hay muchos. Recuerdo, por ejemplo, al heroinómano que me persiguió durante dos horas por el muelle de Gijón contándome lo pifiao que había estado, que había tenido varias cámaras y que las había vendido todas para pagar el vicio aunque ahora ya era persona otra vez, mientras a mí me podía el estrés de no terminar a tiempo una prueba que estaba haciendo. Tampoco voy a negar que el tipo me resultaba simpático y ahora comprendo que sólo necesitaba hablar, pero yo no estaba en el mejor de los momentos. A pesar de todo, no hay mal que por bien no venga, ya que me enteré que era repartidor de Pizza y que de vez en cuando las amasaba y condimentaba con sus propias manos, además me contó en qué local trabajaba, y realmente, le agradezco la confesión en el alma aunque temo que no hemos de encontrarnos de nuevo.

Sin embargo, este sábado por la tarde me topé con un sujeto sumamente especial. Yo estaba en el paseo marítimo intentando hacer un robado a una pareja que andaba por la playa cuando noté que alguien se paraba a mi lado. Era un tipo fuerte, bastante mayor (84 años, me dijo después), con bigote blanco y notablemente bajo. Me hice el loco a ver si se largaba, pero no le pareció oportuno, así que esperó pacientemente hasta que levanté con resignación la cara del visor, todavía sin poder tomar ni una sola foto. Fue el momento que aguardaba para saltar a la yugular, de modo que comenzó a hablarme de fotografía y prismáticos sin darme tregua ni tiempo a mirarlo, para así entablar una supuesta conversación. Yo prácticamente decía “sí”, “ya”, “no”, “claro”, mientras él me contaba que había sido un fotógrafo aficionado pero que se había cansado del tema. Después, no recuerdo exactamente como, la cosa derivó a que también le gustaban las radios y de ahí a contarme que escuchaba “La Pirenaica”, pero que ahora se había dado a la Cope, que venía a ser más o menos lo mismo, una emisora de rojos que apoyaba a Zapatero (curiosa manía de la gente la de escuchar o leer a aquellos que más odian). Como le vi venir con el tema político le comenté que a mí ese tipo de cosas ni me iban ni me venían, de forma que atajó sus variados insultos al presidente pero siguió contándome toda una interesantísima teoría de las civilizaciones que recojo a continuación, por si algún erudito quiere analizarla:

Veamos, según él la culminación de cultura racionalista y honorable llegó en la Antigua Grecia. Muchos años ha los griegos vivían felices y cultos en la Hélade, filosofándo y matándose unos a otros con grandes honores. Pero hete aquí que un día germinó allí el mal de la homosexualidad y ello conllevó la corrupción del ejército y la pérdida del poder militar, con lo que los romanos los arrasaron. Me imagino que Sócrates, Platón, Aristóteles y compañía debieron ser los principales artífices de todo esto, dados sus particulares gustos en materia de lánguidos efebos.

Los romanos, por su parte, también tuvieron una cultura gloriosa: eran igualmente honorables, aunque un poco menos mentalistas. Sin embargo, gracias a las cosas buenas que aprendieron de los griegos antes de que se volvieran homosexuales, pudieron ser igualmente felices durante muchos años violando y saqueando al tiempo que expandían el Imperio, hasta que, otra vez, el pernicioso germen gay hizo acto de presencia y volvió a causar la corrupción de los ejércitos, lo que los dejó a merced de los bárbaros, que los fulminaron y sentaron las bases de toda una época de tinieblas: la Edad Media (me hubiera gustado preguntarle, en este punto, como podía ser posible que el Medievo hubiera sido tan oscuro si la Inquisición castigaba la homosexualidad con la muerte, pero no me atreví).

El caso es que ahora, según él, nosotros vivimos en una especie de pseudo-grecia o pseudo-roma predecadentes o bien decadentes al completo, esto no me lo aclaró. Somos bastante inteligentes e incluso algunos cultivan las artes y las ciencias, pero la historia se repite y la homosexualidad está ya aleteando sobre nuestra población y causará, sí o sí, que una cultura inferior nos erradique. Como era de esperar, Zapatero en España tiene mucho que ver con todo esto (lo que no tengo claro es si este hecho lo eleva a la altura de los grandes filósofos griegos o no). Total, que en esta ocasión serán los árabes los que nos exterminen, ya que, como todos sabemos, llevan muchos años agazapados esperando el momento de matar a todos los cristianos del mundo (desde la época de Franco, según mi improvisado orador).

Posteriormente, el abuelete me confesó que sabía de buena tinta que los árabes eran sodomitas, pero que sólo violaban a los cadáveres, y que aunque a los esbirros franquistas les decían que habían matado rojos ellos entre sí comentaban que habían asesinado cristianos (otro nuevo descubrimiento para mí, el de los cristiano-comunistas). Luego, mi nuevo amigo me contó la historia de Jacob y parloteó un poco en latín, repasando las declinaciones más conocidas, para proseguir hablando en inglés, francés y alemán durante un rato. Hay que señalar que a pesar de ser bastante tartamudo incluso me arreglé para entenderlo, pero sólo en inglés.

Cuando estaba yo en lo mejor de mi agonía, con todos aquellos desatinos, aparecieron dos señoras mayores que habían observado todo el proceso de tortura desde la distancia y comenzaron a increpar al anciano, diciéndole que se fuera, que ya me había arruinado la foto, que como podía ser tan pesado, tan desvergonzado, tan mangante y otras cosas más que se les iban ocurriendo, a lo que él respondió que ellas mismas eran un reflejo de la decadencia social, de la miseria espiritual de nuestros tiempos, y que debería darles unos sopapos, que era lo que merecían por arpías y zorras.

A esas alturas yo ya no daba crédito, estaba entre alucinado e incrédulo y no tenía muy claro si reirme o si intentar mediar en la disputa de aquella gente, las unas empeñadas en protegerme y el otro decidido a que no lograran su cometido. Finalmente, después de un rato, el anciano decidió marcharse entre improperios y las señoras se acercaron para decirme que lo habían hecho todo a propósito, para salvarme. En cuanto a mí, yo hubiera jurado que eran mis ángeles de la guarda, tan sólo porque me habían librado de los disparates que llevaba veinte minutos escuchando.

Cuando todos se fueron me pesó no haberles hecho una foto, desde luego lo merecían. La próxima vez que me encuentre en uno de estos casos la tomaré, seguro que no tengo que esperar mucho, porque prácticamente me sucede todos los fines de semana y me temo que la cosa seguriá así por mucho tiempo, ya que nunca he tenido el valor de cortar la charla a este tipo de gente: en el fondo creo que puedo comprender casi cualquier locura y me caen bien😉.

2 respuestas a Del fuego a los brasas.

  1. Fernando dice:

    ¡Genial!; veo que coincidimos en situaciones parecidas, pero pocas veces me había reido tanto. No tiene desperdicio. Saludos.
    NOTA: Avisado quedo. Cuando vea aparecer al abuelete con bigote blanco (tras tu experiencia creo que voy a meter a todos los de bigote blanco en el mismo saco)…..; echaré a correr. Lo malo, que se afeite el bigote, y no podré identificarlo hasta que empiece por…, ¡ah, sí, los griegos y romanos!. Repito, genial, La Loca Historia del Mundo.

  2. admin dice:

    Gracias por tu comentario😀.

    Pobre abuelo, no creo que se afeite el bigote (aunque algún corte por la cara sí tenía), pero por si acaso, en cuanto veas que alguien mayor se te queda mirando de forma insistente echa a correr antes de levantar la cara del visor !

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