This is the end… my friend.

En confianza, debo confesar que siempre me han atraído fotográficamente las grandes catástrofes y la vida en un mundo post-apocalíptico. Las aproximaciones al tema, en diversos medios de difusión, han sido varias, desde la genial puesta en escena de San Juan en el último libro de la Biblia hasta la típica guerra termonuclear, bastante más manida pero siempre resultona, pasando por meteoritos, invasiones alienígenas, virus mortales, resurección de los muertos, etc. Creo que uno jamás crece y se desarrolla como fotógrafo hasta que enseña un trabajo realizado en estas condiciones, donde se puede demostrar toda la sensibilidad que, como artistas, atesoramos.

This is the end… my friend.

Si tuviera que elegir fotografiar alguno de estos temas creo que en primer lugar me inclinaría por la descripción que hizo el Santo sobre el fin de nuestros días y el Juicio Final, aunque claro, me gustaría que entonces su narración se convirtiera en algo literal, con los jinetes, los sellos, los ángeles y las trompetas, la bestia… sin duda sería increíble probar suerte fotográfica con alguno de los seres angélicos… ¿a qué velocidad podrían volar?, ¿necesitaríamos una 1Ds MarkIII para captarlos correctamente?, ¿saldrían con el ojo en foco?, ¿nos pulverizarían en el mismo momento de ser inmortalizados por nuestros sensores?, ¿se puede inmortalizar a un ángel por segunda vez?. Fotografiar a la Bestia también conllevaría varios problemas añadidos, como que para estar vivo por ese entonces tendría que llevar su marca, y después, cuando me juzgaran, pasaría a padecer el sufrimiento eterno… no sé si merece la pena condenarme de esa manera por unas cuantas fotos, pero claro, si me niego al asunto de la marca entonces me voy al garete seis o siete meses antes de la cuenta y me pierdo lo mejor, que siempre sucede al final. Después también estaría el inconveniente de saber donde se pueden exponer las fotografías del fin de los tiempos, quizá, si interpretamos esto como el final de nuestro planeta pero no del universo alguien me deje un espacio en otro lado.

La guerra termonuclear es también bastante atractiva, pero no en sí misma, me refiero fundamentalmente a sus consecuencias. Vivir en un mundo tipo Mad Max es una de las ilusiones de mi vida, podría pasearme por ahí con el mítico Interceptor y la cámara a cuestas, como si nada, y seguramente lograría vender las fotos a algún tiranuelo excéntrico. La vida sería relativamente tranquila, siempre y cuando no llevara demasiado combustible en el depósito del coche, aunque tengo entendido que el V8 consume como un camión, sin embargo, seguro que lograba arreglarme de alguna manera. Imaginaos lo que podría ser fotografíar las ruinas de las grandes ciudades al atardecer, con las plantas invadiéndolo todo, los viejos puertos industriales, los antiguos monumentos… un panorama increíble, desde luego, y con posibilidad de que posteriormente se desarrollara una auténtica cultura Cyber Punk, ¿qué más se puede pedir?. A pesar de esta atractiva perspectiva, tampoco podemos ignorar que existen algunos inconvenientes: el primero, que me maten de un bombazo, pero a ese no le doy mucha importancia porque no creo que me fuera a enterar. El segundo, que tendría que ir el resto de mi vida con un contador Geiger como si fuera el reloj de pulsera, y vigilar que no se quedara sin batería.

El asunto del meteorito tampoco está mal, y además solventaría varios de los problemas del tema nuclear y también, de un plumazo, el Efecto Invernadero. Si fuera lo suficientemente grande, al caer provocaría varios maremotos y terremotos, y probablemente los vertidos atmosféricos derivados fueran suficientes como para sumir al planeta en la oscuridad durante algunos años, dos o tres por lo menos. Gracias a este benéfico efecto, nos ahorraríamos la dañina exposición a los rayos ultravioleta y también haríamos bajar la temperatura global de la Tierra unos cuantos grados, lo que permitiría detener la fusión de los casquetes polares y generar una considerable cantidad de nuevo hielo, para cuando volviera a lucir el sol. Por si esto fuera poco, la vida tras la colisión seguramente sería parecida a la de la guerra post-nuclear, pero mucho más limpia. Si tengo que elegir casi prefiero esta opción, aunque resulte menos romántica. Además, sin duda, el impacto tiene que ser algo digno de ver, aunque me imagino que nos evacuarían a todos bien lejos. Desgraciadamente, desde la NASA y el Pentágono se ha aseverado que podría construirse en el plazo de una semana un dispositivo con cargas nucleares capaz de desviar prácticamente cualquier cosa que se nos venga encima, aunque sea el cielo al completo.

This is the end… my friend.

Lo de los aliens lo veo más lejano y no me gusta tanto. Si son gente sensata no creo que tengan un especial interés en visitarnos, a no ser que sea para someternos y civilizarnos, pero tal obra filantrópica no creo que la realizaran de forma gratuíta y ser esclavo de un marciano no es precisamente la ilusión de mi vida. Descarto que tengan cualquier otro tipo de intención, como el adquirir nuevos conocimientos o cosas por el estilo, ya que si son capaces de llegar a esta nuestra Tierra me temo que no los necesitan, así que, de momento, mejor que no vengan, vale más que seamos nosotros los que logremos viajar a su planeta para fulminarlos. Confieso, a pesar de esto, que los combates para defendernos de los bicharracos podrían ser harto interesantes, pero siempre que hubiera cierta igualdad de condiciones (cosa difícil, como dije antes).

Tampoco podemos olvidar a los zombies. Resulta apasionante imaginar la Tierra poblada por estos extraños y ávidos seres mientras la humanidad lucha por sobrevivir. Qué fotos impactantes podríamos hacer observando los cuerpos reanimados, la confrontación frente a frente, las ciudades desmoronadas, las situaciones de locura y estrés de los supervivientes… serían momentos antológicos que cualquier fotógrafo buscaría inmortalizar a toda costa. Recordemos, por ejemplo, escenas míticas de la primera película del gran Romero, como el asesinato de una mujer de edad madura a manos de su propia hija resucitada (tremendo). El tema me resulta bastante familiar, ya que vengo a soñar con él un mínimo de dos veces por semana, así que ya tengo una idea bastante establecida de lo que podría pasar. Eso sí, espero que cuando todo suceda los zombies sean del tipo “lento y torpe” porque los de las últimas producciones corren como gatos y, además de ser más peligrosos, no tienen tanta gracia (eso sin contar que tendría que disparar con velocidades más rápidas o subir el ISO). El asunto de los no-muertos aún tiene otra particularidad atractiva, que radica en su propia putrefacción, lo que llevaría, un día u otro, a que nos libráramos definitivamente de ellos.

Y finalmente, también debemos barajar la posibilidad de fotografiar las consecuencias de una epidemia vírica colosal. El virus habría de cumplir varios requisitos: primeramente tendría que transmitirse por vía aérea y de forma muy rápida; en segundo lugar su material genético tendría que ser hipermutable, de tal forma que no pudiéramos desarrollar anticuerpos efectivos contra él; en tercer lugar, el proceso infectivo debería consumarse en pocos días (aunque esto es algo más secundario, pero siempre añade dramatismo); en cuarto lugar, debería ser mortal de necesidad. ¿Hay algún candidato actual que satisfaga casi todas las expectativas?, sí, claro que lo hay, por ahí tenemos a la divertida gripe, esperando su momento, que sin duda terminará por llegar (aunque ahora ya tenemos un fármaco que corta la infección, pero bueno, las posibilidades de mutación del virus siempre pueden solucionar estos temas). Siendo francos, a nuestra vieja conocida le falta sólo un poco para convertirse en el arma letal que describo. Fotográficamente sería algo de sumo interés: podríamos infiltrarnos en los hospitales, ver las típicas escenas familiares (a cual más dramática), observar el colapso de la población intentando penetrar en los centros médicos, fotografiar los coches bloqueando irremisiblemente las autopistas con los cuerpos exánimes en su interior…

Pase lo que pase creo que estoy listo. Me he pillado un adaptador de esos que permite cargar las baterías en el mechero del coche, porque quizá no pueda fiarme en el futuro de la red eléctrica, y también tengo, convenientemente almacenados, unos cuantos cientos de tarjetas de memoria. Además, he guardado en varios puntos del país diversos ordenadores portátiles con sus correspondientes plotters, ya que abrigo la esperanza de que alguno sobreviva a los eventos. Por si fuera poco, todavía conservo mi vieja Nikon F90 con unos cuantos carretes y varias pilas nuevas, aunque quizá revelarlos termine por ser algo difícil.

En fin… todavía no tengo muy claro qué posibilidad prefiero y, encima, seguro que existen muchas más que no se me han ocurrido. A ver qué nos depara el futuro, sea lo que sea estoy preparado, ya que el fin puede llegar muy pronto. Por si acaso, ya he pedido por UPS un Interceptor negro y tengo por aquí unas cuantas pegatinas Caborian para ponerle donde la matrícula.

Todas las fotos del artículo han sido obtenidas de MadMaxmovies y pertenecen a la serie de películas Mad Max.

2 respuestas a This is the end… my friend.

  1. circuitos dice:

    Ahora sí que te has salido por la patilla. Llevo meses leyendo esto en modo lurker, pero éste ha sido el post que me ha OBLIGADO a registrarme. Nuclear sí, por supuesto. Nuclear sí, cómo no.

    Y déjeme recomendarle estos dos libros. Con un poco de suerte está a tiempo de que se los manden en la guantera del V8. No se arrepentirá.

  2. admin dice:

    Realmente, te agradezco un montón el par de libros, creo que voy a comprarlos hoy mismo, ¡sin duda van a ser un par de textos de referencia para mí a partir de ahora!, el de los zombies me atrae especialmente😀.

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