De San Vicente a Caín.

En general, casi todos los fines de semana que el tiempo lo permite solemos ir a pasar el día en algún sitio apropiado para hacer fotos y que de paso sea agradable para nuestros acompañantes (si los hay). Lo más habitual es que quedemos o bien David y yo sólos (en cuyo caso obviamos que la cosa sea amena porque, como dijo Dabo cierta noche durante una hora seguida, “hay que sufrir”) o bien que vengan también nuestras pacientes compañeras del alma. Por tanto, el fin de semana pasado fue uno de esos en los que decidimos marcharnos por ahí, aunque David y Marisol no pudieron venir porque los retenían en Gijón asuntos propios, como quien dice.

De San Vicente a Ca�n.

Así las cosas, y como tampoco queríamos meternos una paliza, nos fuimos mi novia y yo hasta la Olla de San Vicente, una ruta breve y tranquila que discurre a lo largo del cauce del río Dobra (el nombre es una adaptación de un palabro celta que significa precisamente agua). Llegar al inicio del camino es realmente sencillo: desde Cangas de Onís (¡recordemos que estamos en Asturias!) debemos tomar la nacional 620 y viajar unos kilómetros hasta Tornín, un pueblo de la zona. Poco más allá hay un bar y el sendero comienza allí mismo, de modo que es buena idea dejar el coche justo a la entrada, donde hay algo de espacio libre (al menos hasta que llegamos a las horas centrales del día y aquello se satura de coches).

Comenzamos a caminar a eso de las once de la mañana, con un cielo totalmente despejado y una luz horrorosa. Como el sendero discurre siempre al lado del río (que, por cierto, es afluente del Sella) pude ver cuanto habían cambiado las cosas desde el Otoño, cuando me fui sólo a hacer la ruta y encontré un Dobra mucho más tranquilo, ya que en esta ocasión, con el deshielo, el río llevaba gran cantidad de agua y parecía mucho más caudaloso de lo habitual. El camino, como siempre, presentaba tramos mejores y peores, con abundancia de zonas muy pedregosas y resbaladizas, aunque la ruta en sí misma es sumamente sencilla y resulta bastante habitual que la recorran incluso niños muy pequeños. El caso es que al cabo de una hora llegamos al final de nuestro recorrido, la Olla del río. Mis expectativas fotográficas continuaban bajo mínimos, porque el sol, totalmente demoledor, caía a plomo sobre la zona, que mostraba un aspecto bastante cegador y horrendo fotográficamente hablando. A cambio de eso, la gente que merodeaba por el lugar se lo estaba pasando en grande repanchigada tranquilamente en los prados de alrededor, e incluso, los más gordos, bañándose en el río (de aguas siempre gélidas).

En fin… dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que ahí va una foto tomada sin otra pretensión que mostrar mínimamente el lugar a cualquiera que esté interesado en ir a pasar allí el día. Las ramas que se ven en la parte superior no son otras que las del árbol que nos daba sombra en aquel momento, porque tampoco me molesté en moverme demasiado🙂.

De San Vicente a Ca�n.

En cualquier caso, la ruta tiene muchas posibilidades fotográficas, pero debemos ir en el momento apropiado y ni la primavera ni el verano lo son. Idealmente, lo mejor es viajar hasta el lugar en Otoño, cuando los árboles amarillean. En ese momento el río no está muy crecido y el paisaje se presenta en todo su esplendor. También debemos tener en cuenta que el camino discurre a lo largo de la corriente de agua y entre montes, con lo que podemos encontrarnos con la curiosa situación de no hallar en ningún momento del día la luz apropiada, porque tanto por la mañana como por la tarde las montañas obstruyen el paso de los rayos solares, de forma que la zona sólo está directamente iluminada durante las horas centrales. Por esto último no resulta nada descabellado acudir en un día nublado, ya que la luz difusa evitará la presencia de sombras duras en nuestras tomas. Por ejemplo, las siguientes fotos las hice el Otoño pasado, a lo largo del camino, con el cielo totalmente encapotado. No son grandes imágenes pero la zona resulta muy estimulante para ensayar todo tipo de composiciones con agua y elementos naturales:

De San Vicente a Ca�n.

De San Vicente a Ca�n.

De San Vicente a Ca�n.

Además, en época otoñal, no debemos desdeñar la oportunidad de tomar alguna fotografía mientras viajamos por la nacional 620 camino de Tornín, ya que en muchas ocasiones la niebla habitual de la zona da lugar a efectos de luz muy interesantes, y, si tenemos suerte, el azul del cielo pondrá el contrapunto a los tonos amarillentos de los árboles, permitiéndonos obtener imágenes de colores muy vivos, como los que muestra la siguiente fotografía, disparada poco después de salir de Cangas de Onís durante el Otoño.

De San Vicente a Ca�n.

En fin, volviendo al fin de semana pasado, estaba claro que el día no iba a ser muy productivo si pensaba dedicarme fotografiar el paisaje del lugar, por lo que decidimos comer tranquilamente a la sombra. Después, como estábamos en un prado lleno de flores, intenté hacer algún macro. Tampoco puse mucho empeño en el tema ya que había gente correteando por la zona y también un buen número de vacas. Además, el sol mantenía sumamente activos a los insectos y estos se alejaban en cuanto me aproximaba mínimamente a ellos. A pesar de todo, logré cazar una polilla despistada.

De San Vicente a Ca�n.

Como aún era muy temprano recogimos los bártulos y comenzamos a caminar de nuevo hacia el coche para subir al puerto del Pontón, al que se llega sin problemas si continuamos por la misma carretera que conduce a Tornín. El camino discurre a lo largo del desfiladero de los Beyos y es de gran belleza, aunque la vía resulta un tanto estrecha y es conviente no desviar la vista de la calzada más de lo necesario. A lo largo del trayecto encontramos varias desviaciones que permitían subir hasta pueblos como Viboli, cada vez con menos habitantes. Tras recorrer unos cuantos kilómetros llegamos a la provincia de León y comenzamos la ascensión del puerto atravesando Oseja de Sajambre (el pueblo de la foto, tomada también durante el Otoño).

De San Vicente a Ca�n.

Eran más o menos las cuatro de la tarde cuando coronamos el Pontón a la par que el día se nublaba definitivamente. Poco a poco, los nubarrones habían hecho acto de presencia mientras subíamos y ya no nos abandonarían durante toda la jornada. Por suerte, en ningún momento llegó a cerrar de forma completa y los claros se fueron alternando con cúmulos nubosos todo el tiempo. Dado que ya habíamos llegado al punto más alto decidimos tomar el camino de Posada de Valdeón, (puerto de Panderrueda abajo) y dar un paseo por los pueblos de la zona, de forma que, tras superar Posada, llegamos a un mirador desde donde se ve Los Llanos, un pequeño pueblo situado bajo la montaña. La luz era bastante interesante, así que decidí sacar el tele y hacer alguna que otra foto, procurando que se viera tanto el pueblo como los picos que se encuentran sobre él. Por suerte, el 70-200 montado en la 350D fue suficiente para resolver la escena de forma correcta. Tan sólo tuve que esperar que el pueblo estuviera iluminado por la luz del sol para disparar (sí, sí, ya sé que el azul de la primera foto es muy celeste y todo eso, pero qué quereis, es lo que había).

De San Vicente a Ca�n.

De San Vicente a Ca�n.

Como ya estábamos bastante metidos en el ajo decidimos continuar, de forma que pasamos Los Llanos, Cordiñanes y el Chorco de los Lobos, una estructura creada específicamente para capturarlos y que se utilizó desde los inicios del siglo XVII (en la web de Valdeón se detalla el proceso de acoso de los animales). Actualmente el Chorco ya no se utiliza pero se ha reconstruído con fines didácticos y resulta interesante parar un rato a fin de echarle una ojeada. Finalmente llegamos a Caín, que a su vez es el pueblo donde muere la carretera y que señala el final la ruta del Cares. En la imagen podemos ver una vista de Cordiñanes que tomé por el camino.

De San Vicente a Ca�n.

El caso es que a lo largo de todo el recorrido la vía va siendo progresivamente más y más estrecha, siendo muy difícil cruzarse con otro vehículo a partir de Cordiñanes. En concreto, los tramos finales, cuando ya estábamos llegando a Caín, nos parecieron bastante malos, siendo el tránsito peligroso, ya que no existe ningún tipo de quitamiedos y la carretera está totalmente abocada al río que se encuentra unos cuantos metros más abajo. Durante la Primavera y el Verano el principal inconveniente con el que nos podemos topar es la presencia de un vehículo circulando en sentido contrario, lo que nos obligará a dar marcha atrás unos cuantos metros, pero durante el Otoño y el Invierno la nieve junto con las placas de hielo convierten la pequeña vía en un tramo de gran peligrosidad (durante los días en que aún se puede acceder al pueblo, porque durante la mayor parte de la estación fría lo cubre totalmente la nieve). Nosotros tuvimos la mala suerte de toparnos con una furgoneta mientras salíamos de Caín, aunque afortunadamente el apartadero se encontraba tan sólo unos metros más abajo. A pesar de ello, dar marcha atrás en plena curva, cuesta abajo y en una vía tan estrecha y elevada sobre el Cares no nos hizo ni pizca de gracia ya que el coche quedó en algunos momentos francamente cerca del vacío. Al final conseguimos salir de allí con buen pie e incluso sin que Inés, que resulta muy estoica, me pusiera verde.

De vuelta hacia Valdeón la luz ya tenía había ganado basante, así que, como ya estaba tranquilo otra vez, me dediqué a tomar alguna foto de los Picos, (en concreto, el macizo de los Urrieles, si no me equivoco mucho). Esta primera está disparada muy cerca del Chorco de los Lobos, aprovechando que las nubes daban algo de gracia a las cumbres. La viré a blanco y negro a sugerencia de Aitor.

De San Vicente a Ca�n.

Y finalmente, ya de nuevo en el mirador desde el que fotografié por primera vez Los Llanos, hice algunas tomas mucho más generales, aprovechando que la capa nubosa trazaba formas interesantes y la luz había adquirido ya la fuerza necesaria.

De San Vicente a Ca�n.

En resumen, un día bastante completo que comenzó en la pequeña Olla de San Vicente y terminó en Caín, pasando por el Puerto del Pontón, Posada de Valdeón, Los Llanos y Cordiñanes y en el que meteorológicamente tuvimos de todo, desde cielos totalmente despejados hasta momentos de lluvia y niebla pasando por extraños claroscuros. En total, y teniendo en cuenta que comenzamos el viaje en Gijón, recorrimos unos 330 kilómetros, muchos de ellos por carreteras de alta montaña. Esto hace que para conocer bien la zona debamos plantearnos pasar varias noches en las casas rurales u hostales de alguno de los pueblos que visitamos, lo que nos permitirá dedicarnos plenamente a la fotografía más que a la conducción, además de aprovechar las mejores horas de luz. Desde luego, el paisaje merece la pena.

Las fotos del artículo y también algunas otras las podéis ver a mayor resolución en la siguiente galería.

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