El Espíritu ante mí.

Hace tiempo escribí unas reflexiones sobre mi búsqueda, ardua e infructuosa, del Espíritu de Espinaredo. Tras aquel estrepitoso fracaso la desesperación se apoderó de mí hasta tal punto que fui incapaz de volver a conciliar el sueño e incluso adelgacé cuatro o cinco kilos. Cuando por fin lograba adormecerme, noche tras noche, terribles pesadillas se repetían incesantemente y en ellas, invariablemente, me encontraba volando sólo en medio de una tempestad desgarradora que destrozaba todo mi equipo fotográfico e informático (que, curiosamente, también flotaba a mi lado como si tal cosa).

No pudiendo aguantar más, le conté la causa de mis tribulaciones a mi amigo David, ya que sabía a ciencia cierta que él había estado allí aquel día mágico y era uno de los ungidos con la gracia de la divinidad. Sin embargo, cuando le interrogué sobre la aparición de la misma se mostró particularmente reservado y reticente a hacer comentario alguno sobre el fenómeno, pero, finalmente, tras detallarle minuciosamente todos mis padecimientos, se apiadó de mí en cierta medida y me mostró una serie de fotografías (tomadas aún con una cámara de carrete) de aquel primer encuentro.

No podía contener la emoción… estaba siendo testigo, con mis propios ojos, de cómo había sido la mítica ceremonia. Poco a poco fui ojeando todas las imágenes, aunque en ninguna podía apreciar señales claras de la presencia espiritual. Repentinamente, el terror se apoderó de mí , ¿sería capaz David de ver en aquellas fotografías lo que yo no veía?, ¿qué me estaba sucediendo?. Tembloroso continué analizando las tomas hasta que, de súbito, mi corazón dio un vuelco. Allí estaba, revoloteando sobre los asistentes, el mítico Espíritu de Espinaredo, aquella presencia de leyenda de la que incluso llegué a dudar.

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La forma del mismo no dejaba lugar a dudas, era un círculo: la curva perfecta según Pitágoras, aunque, como luego demostraremos, realmente es esférico, lo que ya le permite alcanzar el rango de cuerpo geométrico perfecto, por no tener principio ni fin. Las implicaciones cosmológicas eran evidentes, ¿sería el Espíritu de Espinaredo el origen de los cuerpos celestes que, a su imagen y semejanza (aunque siempre con alguna imperfección), pueblan el universo?. Las lágrimas inundaron mis ojos y comenzaron a discurrir a lo largo de las mejillas, nunca me detendría hasta encontrarlo por mí mismo.

Una vez superado el shock inicial solicité a David que me prestara la fotografía para escanearla y someterla a los complejos algoritmos informáticos utilizados por los expertos en temas esotéricos, a fin de lograr darme una idea detallada del ente espectral. Tras la primera sesión de trabajo logré resolver cierto detalle en su cuerpo que me dejó anonadado.

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Pero aún no estaba satisfecho, así que envié la instantánea escaneada a cierta organización situada en un país lejano, y que por seguridad no puedo revelar (aunque sale en una serie de la tele), para que ellos esclarecieran definitivamente la verdad. Y sí… aquella vez fue la definitiva. Ante mí se mostraba, de forma totalmente diáfana y dando una idea de su gran poder, el auténtico Espíritu de Espinaredo (definitivamente esférico), que, como se puede apreciar, no estaba muy satisfecho con el estado del tiempo o con las fotos realizadas durante el día y mostraba un aspecto entre resignado y melancólico, dando la espalda a los presentes.

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Aquí lo podemos ver totalmente integrado en la escena:

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Ahora que conozco la verdad jamás cejaré en mi empeño de conseguir verlo con mis propios ojos. Sé que él está allí, y también sé que un día u otro volverá y me dirá “Ahora, hijo mío, eres uno de los nuestros”. David se ha prestado voluntario para acompañarme en semejante peregrinación, ya que él también ansía, como los antiguos místicos, volver a tenerlo ante sus ojos. Esta vez sí, no me cabe duda, nuestros esfuerzos serán recompensados.

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