Brassaï.

Este es el título de otro de los libros de Taschen, escrito por Jean-Claude Gautrand y que, más o menos, comparte los rasgos característicos de las publicaciones de la editorial: precio muy asequible (quince euros) y contenidos de calidad.

Brassaï.

En esta ocasión, en el volumen (192 páginas) se nos muestra una selección de las fotografías más conocidas del autor que da título al libro, que destacó por la originalidad de su obra y el gran valor documental de sus imágenes. Como se nos cuenta en la propia publicación, Brassaï (1899-1984) fue un alma inquieta y bohemia desde sus primeros tiempos. Nació en Brasso (Transilvania) siendo su nombre real Gyula Halasz, aunque pronto adoptó el que sería el nombre de batalla por el que se le conoció durante toda su vida, directamente derivado del de su pueblo.

Siendo aún muy joven, Gyula se matriculó en la Academia de Bellas Artes de Budapest y luego fue asistiendo a varios centros en otras ciudades europeas, hasta que, en 1924, cumplió su gran sueño de mudarse a París. En la nueva ciudad primero, y luego en varios viajes por Europa, Brassaï entró en contacto con el mundo artístico de su tiempo, llegando a forjar grandes amistades, como la que mantuvo con Picasso, Henry Miller, Matisse o Dalí, además de muchos otros. Apasionado por el arte en todas sus formas, Brassaï no puede considerarse exclusivamente un fotógrafo, ya que el mismo reconocía que no quería anclarse en una disciplina en concreto que le impidiera expresarse con libertad. De esta forma, realizó varios dibujos, alguna que otra incursión en el cine, y escribió multitud de artículos y varios libros con notable fortuna. A pesar de esto, en su vida disparó más de 40.000 fotografías, tomando gran parte de ellas con su primera cámara, una Voigtländer Bergheil que adquirió en 1929. El propio Gyula reconoció en todo momento que la cámara le permitía captar sentimientos y emociones con extraordinario impacto visual.

A pesar de su vida totalmente bohemia, de su noctambulismo reconocido y de su espíritu libre, Brassaï realizaba fotografías sumamente académicas, algo que a priori podría resultar muy sorprendente. De hecho, él mismo decía: “Siempre he considerado la estructura formal de una fotografía, su composicion, tan importante como el tema […]. Hay que eliminar todo lo superfluo, hay que orientar el ojo con gran decisión“. Esta combinación de espíritu aventurero y rigor académico hicieron de Brassaï un auténtico periodista de su propio tiempo, ya que en general se introducía con su cámara en todos los ambientes, por dudosos que estos fueran, a fin de registrar alguna imagen (aunque como era de esperar, muchas de sus fotos son posados y, además, también parece que era bastante afín a esos mismos ambientes de forma habitual cuando no estaba fotografiando nada).

A fin de dar una idea más o menos global de la obra del autor, el libro recoge varias etapas fotográficas de su vida. En primer lugar, se nos muestran imágenes de los primeros tiempos que, en general, son fotos de experimentación publicadas en ciertas revistas de vanguardia existentes en la época, como Minotaure. A pesar de ello, están notablemente bien realizadas y son muy originales. Posteriormente ya se nos muestra un Brassaï documentalista que nos enseña la vida de París en todas sus facetas, ya sea en los burdeles, ya en las calles, ya en los puestos de trabajo. En concreto, son interesantísimas las tomas realizadas en lugares de alterne y también a los mendigos parisinos. Además de esto, Gyula fue un pionero de la fotografía urbana nocturna y aún hoy sus trabajos impresionan notablemente, dada la difitultad para calcular los tiempos de exposición y controlar el resto de parámetros de la toma. Sin embargo, trabajando prácticamente a ciegas (calculaba las exposiciones a razón de los cigarrillos fumados desde que había pulsado el disparador) obtuvo fotografías de gran calidad, algunas de ellas realmente impresionantes. Además de esto, el volumen recoge también ciertos retratos que Brassaï hizo a sus amigos del mundo del arte, trabajando en general en sus propios estudios, y también algunas de las fotos que tomó a las distintas pintadas con las que se topaba en sus habituales paseos (de hecho, llegó a tener una enorme colección de imágenes de este tipo).

En resumen, a título personal pienso que la gente de Taschen ha vuelto a dar en el clavo. Por un precio francamente reducido se puede adquirir un tomo cuyo papel es de gran calidad, con abundancia de fotografías que recogen las pinceladas más importantes del trabajo de Brassaï y que resulta una perfecta introducción a la vida y obra de este artista, ya que, como era de esperar, además de las imágenes se detalla su biografía y otras anécdotas.

Totalmente recomendable.

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