Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

Hace poco hablabámos en este blog multitudinario de la figura del friki, con sus particularidades y rasgos identificativos. Sin embargo hay muchos más arquetipos entrañables en el panorama fotográfico actual y uno de ellos, que brilla con luz propia, es el de artista.

Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

Al parecer, según nuestra Real Academia Española un artista responde a las siguientes definiciones, todas ellas posibles de forma simultánea:

  • 1. adj. Se dice de quien estudiaba el curso de artes. Colegial artista.
  • 2. com. Persona que ejercita alguna arte bella.
  • 3. com. Persona dotada de la virtud y disposición necesarias para alguna de las bellas artes.
  • 4. com. Persona que actúa profesionalmente en un espectáculo teatral, cinematográfico, circense, etc., interpretando ante el público.
  • 5. com. artesano (persona que ejerce un oficio, ej., cabrero).
  • 6. com. Persona que hace algo con suma perfección.

Repasando la lista de arriba y aplicándola al mundillo fotográfico podríamos descartar la primera opción, porque nuestro “artista” puede estudiar o no, pero no por ello dejará de serlo. El segundo punto, sin embargo, parece muy apropiado, ya que suponemos que al menos de vez en cuando hace fotos y esto implica ejercitar el bello arte de la fotografía. Igualmente, el artista debería estar especialmente dotado de virtud y disposición para realizar su labor, según nos comenta el punto tres. El cuarto lo descartamos de nuevo porque la fotografía no parece un arte demasiado farandulero y, de la misma forma, podríamos obviar el apartado número cinco, ya que el fotógrafo no tiene por qué ejercer profesionalmente para ser tan artista como cualquier otro. El sexto punto, sin embargo, sí que es bastante reseñable ya que todos deseamos tomar imágenes con suma perfección, aunque sea para expresar mejor el dolor de nuestra atormentada alma. En fin, a nuestro artista ideal se le podrían aplicar los puntos dos, tres y seis. O sea: es un sujeto que hace fotos, dotado de virtud y disposición para ello y que además ejerce su arte con suma perfección (o eso piensa). Tanta gracia y frescura, como es lógico pensar, no puede quedar fácilmente soterrada, de forma que los artistas también son amigos de compartir su obra con el resto de la humanidad para que todos podamos solazarnos. Así, no es nada infrecuente verlos a lo largo y ancho del mapa fotográfico internacional, ya sea en webs, foros, museos, exposiciones colectivas, charlas y demás eventos lúdico-festivos.

Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

Nosotros nos ocuparemos en concreto de aquellos artistas especializados en divulgar su obra por las más diversas webs y foros. Aparecen igual que las setas, por todos lados, aunque independientemente de la estación del año. En general se los puede identificar con bastante facilidad ya que son muy propensos a practicar la fotografía de autor o de ensayo, de forma que una vez han (a)cometido sus obras suelen subirlas a los foros dedicados al retrato, la fotografía urbana, el arte conceptual… sobre todo este último cajón tiene la desgracia de acoger, día tras día, las mayores aberraciones y engendros que puede parir una cámara inocente en manos de un desdichado.

Tras colgar su fotografía el artista suele prodigarse, antes o después, en profundas explicaciones sobre ella (en este momento pasa a ser “hartista”, huelga decirlo). En general, esto sucede cuando algunos espíritus poco sensitivos de la página, las news, o los foros de turno, le espetan que su imagen no gusta, alegando en general todo tipo de razones técnicas, frías y carentes de sentido para él. Entonces comienzan las disertaciones sobre la instantánea en cuestión, que en unos casos puede reflejar su alma varada, en otros pretende expresar el dolor de ese perro mugriento que pasa por la calle, otras veces representará un sentimiento como el amor, la ira, la alegría… en realidad da igual. Nuestro artista defenderá su foto a capa y espada, contestando a todos y cada uno de los que se atrevan a opinar que no es una gran obra, llegando, en última instancia, a enfadarse con los responsables del sitio en el que haya publicado su esperpento particular, cuando le recuerden que ya comienza a molestar a los usuarios.

En otras ocasiones, en vez de comentarios puntuales defendiendo tal o cual fotografía las cosas van por otros derroteros. Por ejemplo, supongamos que le dicen “es que tal cosa está desenfocada“, o “veo la imagen oscura“. En este momento él intentará iniciar un hondo debate filosófico del tipo “¿Quién es el que define si algo está oscuro o no?, ¿no te das cuenta de que yo quería lograr precisamente eso, que no se viera casi nada de la imagen?“,”¿Cómo te atreves a decir que está fuera de foco?, ¿no ves, infeliz, que es sólo un recurso comunicativo?“. Estos últimos personajes representan, de hecho, una evolución sobre el artista base, ya que no sólo contaminan el buen gusto con sus maravillas, sino que además están en posesión de la verdad más absoluta, sabiendo que son creadores de algo que nosotros no comprendemos ni apreciamos, pero que, sin embargo, criticamos miserablemente.

Todavía se puede ir un paso más allá. No es del todo fácil llegar a este estado de “artistez” suma pero he visto ejemplos claros del mismo. A esta última fase podríamos denominarla la del “Artista enloquecido” y a ella se llega cuando, tras recibir una oleada de críticas negativas hacia su obra, el sujeto criticado comienza a trollear en los foros o la web que toque en ese momento, diseminando mentiras e insultando de forma privada a los usuarios. Esto, en general, suele terminar con el baneo automático del fulano en cuestión que, posteriormente, en las versiones más extremistas y trasnochadas, comenzará a despotricar sobre el lugar que lo expulsó en las news y otras zonas de la red exentas de moderación. Allí, en general, suele terminar por cansar al personal lo que conlleva a que ostente cargos honoríficos como “El idiota más idiota de la red”, o “El majadero más subnormal del Universo”.

Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

¿Cómo se llega a ser un artista?.

Es algo bastante complejo. Creo que se puede conseguir a través de varias vías convergentes y algunas de ellas pasan por la focalización en uno sólo de los planos de la fotografía. Quizá un exceso de lecturas sobre autores consagrados nos lleve a emular sus chifladuras de los últimos tiempos antes que las grandes obras que los llevaron a la fama… o quizá la obsesión por la técnica logre apartarnos definitivamente de los caminos del buen gusto (aunque también hay quien sólo habla de técnica para disimular su ignorancia en cualquier otro tipo de asunto fotográfico).

Después está el grupo de privilegiados que ha alcanzado el grado de artista pagando por él una importante cuantía de dinero. En general, son todos aquellos que, sin saber muy bien que hacer en su vida, o pensando vivir del cuento, están matriculados en toda una serie de escuelas y facultades donde los propios profesores son tan artistas o más que sus alumnos. En este último caso se vive un interesantísimo fenómeno de retroalimentación positiva enseñante-aprendiente, ya que evidentemente el profesor tratará de convencer a sus oyentes de la grandeza de sus propias obras, sean estas de la estofa que sean. Posteriormente, los pupilos, ya por ser directamente pusilánimes, ya por pelotas, ya por tener mucha cara, lo emularán y él, como es de esperar, elogiará a su vez las obras de éstos. Posteriormente, profesores y alumnos, junto con ciertos “periodistas”, críticos de arte, lameculos en general, etc… se encargarán de organizar diversas exposiciones en las que todos ellos aportarán su grano de arena a la gran comedia, ya como autores, ya como visitantes, ya como criticantes. En algunos casos extremos incluso la pobre “gente de a pie” que se acerque a ver el evento llegará a marcharse convencida de su propia ignorancia, con la certeza de ser unos auténticos pollinos insensibles al arte de verdad.

También tenemos el conjunto de los “ignorantes totales”, que por desconocer ampliamente cualquier tipo de fundamento fotográfico alumbran constantemente basura que deben camuflar con compleja palabrería y que proclaman, de buenas a primeras, conocer las normas para “saltárselas” cuando todavía no han hecho en su vida una foto académica que merezca la pena. Además, no debemos olvidar a todo el grupo de gente que sólo ostenta un exceso de mal gusto y que puede caer de forma sencilla en la “artistada” y el “rol artístico” simplemente porque se sienten incomprendidos cuando sus obras sólo a ellos mismos agradan.

Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

Por último se puede llegar a ser artista en la edad madura o la ancianidad, después de haber trabajado duramente y haber logrado fama y fotografías espléndidas. En general este estado se alcanza cuando alguien en concreto se sabe ya muy endiosado y comprende que haga lo que haga será de aceptación general, momento en que comenzará a reirse abiertamente de editores y público. Nada importa, puede hacer lo que quiera y entregar su trabajo en el formato que le apetezca, si las imágenes llevan su firma son válidas.

Llegados a este punto podríamos entrar en las mil y una formas de esquivar a los artistas, en la mejor manera de atacarlos y enloquecerlos… pero realmente sería dedicarles demasiado tiempo de nuestra vida (yo ya lo he hecho con este artículo). Como siempre, lo mejor suele ser ignorarlos. Esto, por una parte los altera, ya que son seres deseosos de cobrar protagonismo, y por otro lado los deja totalmente desolados cuando se dan cuenta de que su obra no ha logrado comunicar nada en absoluto… no hay cosa les siente peor. Entrar al trapo a uno de estos tipos equivale a abrir la Caja de Pandora: una vez que los demonios han echado a volar ya resulta imposible volver a encerrarlos.

Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

Eso sí, debemos tener mucho cuidado y saber distinguir en todo momento entre un verdadero “artista” y una persona que, simplemente porque sea un principiante o porque carece buen gusto (según nuestro criterio), no dispara fotos que podamos considerar buenas. Eso nos sucede y nos sucederá a todos, y además, con el tiempo cualquier individuo puede llegar a evolucionar tanto como el mejor de nuestros ídolos fotográficos. La diferencia sin embargo es clara… un verdadero artista jamás aceptará ninguna de las críticas ajenas, o lo hará de muy mal grado, porque sabe que ha alcanzado la perfección.

4 respuestas a Los Hartistas, de la cabra a la cámara.

  1. bark dice:

    Genial CHE!

    Esta de lujo el artículo. No puedo estar mas de acuerdo.

    Sobran “artistas”.

    Añadiría que todo el que se crea artista deja de serlo inmediatamente.

    Por no hablar de las pintas de los artistas. JUAS!

    Muy interesante tu blog, sigo leyendo.

    Bark.

  2. gaudiramone dice:

    Muy muy bueno (aplausos)
    Dices verdades como puños, y lo peor de todo es que conozco algún que otro “artista” que encajan en los perfiles descritos….

    Un saludo

  3. Jota___ dice:

    Pues claro que tienes razón!
    El caso es que yo creo que para ser artista (que no hartista), hace falta tener algo que no estipula el diccionario: sensibilidad.
    Eso no quiere decir que todo el que tenga sensibilidad sea un artista, por supuesto. Sin ir más lejos, yo mismo tengo la sensibilidad, pero no soy un artista (y quiero pensar que tampoco hartista), porque me falta la destreza para la creación.
    Cuando ves arte, me imagino que debes emocionarte con dicho arte, debe crear en tí una sensación interna que vaya invariablemente unida a la admiración por el autor, por cómo ha conseguido extraer ese sentimiento de tí.
    Los hartistas deberían tener esto en cuenta. Si hacen una foto (en este caso hablamos de arte fotográfico), y lo único que despierta en ellos es su propio afán de protagonismo… pues es harte.
    Si alguien hace una buena foto, porque se la ha trabajado para que la foto sea como él intentaba que fuera, porque dicha foto estaba en su cerebro y en su subconsciente antes de realizarla, y porque ve belleza (o cualquier otro sentimiento inherente al mundo de las sensaciones humanas), y luego consigue transmitir eso… entonces hablamos de arte.
    Envidio y admiro a los artistas. Sinceramente, me gustaría tener los conocimientos necesarios para hacer buenas fotos. Hago mis pinitos con el dibujo, y estoy deseando aprender a hacer fotografía, pero creo firmemente que pasaré por una buena batería de fotos en la papelera de reciclaje, antes de enseñar mis creaciones.

    Me encanta este blog.
    Un saludo.

  4. Jota___ dice:

    Por cierto… no creo que haga falta tener conocimientos profundos (ni siquiera superficiales) sobre la técnica de creación de un arte, para poder evaluarla.
    No tengo ni idea de escultura, y se me erizan hasta los pelos de la nuca contemplando la Pietá. No entiendo de pintura, y me pasaría horas contemplando el Saturno devorando a sus hijos de Goya, con el corazón encogido. E incluso un Kandinsky me maravilla.
    No conozco a fotógrafos famosos, para poner otro ejemplo, pero cuando una fotografía es buena, es buena y punto. Y además es buena de forma universal e intemporal. Eso creo.
    Hasta pronto.

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