Frío, fotos nocturnas y entornos urbanizados.

Introducción.

La fotografía nocturna es una disciplina más o menos compleja, que requiere mucha práctica y que, además, se ha reinventado bastante con el mundo de la imagen digital. Los actuales sensores, sean CCDs o CMOS, presentan una serie de características particulares que la película ordinaria no poseía, y a su vez, carecen de otras. Esto no es de por sí ni mejor ni peor que antes, ya que el nuevo medio permite obtener fotografías nocturnas de calidad siempre y cuando conozcamos un poco hasta donde llegan sus límites. En cualquier caso, y antes de continuar, debe ir por delante no soy una autoridad en la materia, así que este minitutorial sólo puede considerarse como una colección de trucos de “andar por casa” que a mí me dieron y me siguen dando buenos resultados (siempre utilizando una réflex digital), pero no una revisión exhaustiva ni infalible del tema, que daría tanto de sí como para escribir un libro completo.

Fr�o, fotos nocturnas y entornos urbanizados.

En general, el primer problema con el que podemos enfrentarnos en este campo trabajando con una réflex digital es la presencia masiva de ruido cuando realizamos exposiciones de varios minutos, ya equipe nuestra cámara un CMOS o un CCD (aunque el comportamiento de estos últimos, en general, es peor para lo que nos ocupa). El ruido digital se produce por un fenómeno de interferencia y no es el objeto del artículo de hoy, pero debemos tener muy presente que, como dijimos, aumenta en gran medida al prolongar el tiempo de exposición y que también está íntimamente relacionado con la temperatura del sensor (en última instancia muy ligada a la temperatura ambiental a la que decidamos disparar nuestra toma), de tal manera que cuanto mayor sea ésta el nivel de artefactos también se incrementará. Cuando planifiquemos una salida partiremos con más probabilidades de éxito si la temperatura del entorno está fresca o realmente fría. Por tanto, los mejores resultados se suelen obtener por el invierno y en las zonas geográficamente ubicadas más al Norte.

El tipo de sensor de nuestra máquina es también algo bastante importante. A día de hoy los mejores comportamientos los obtenemos con las réflex digitales Canon y sus famosos CMOS. Tras ellas se encuentran los equipos del resto de marcas, siendo quizá las cámaras Olympus las más propensas a sufrir las peores consecuencias tras una larga exposición. En general el problema más llamativo suele ser la presencia de píxeles calientes en nuestras fotos, que a efectos prácticos no son más que píxeles muy brillantes que surgen en determinadas zonas de nuestra imagen (en el peor de los casos puede estar plagada de ellos). Afortunadamente hoy en día la gran mayoría de fabricantes incorporan sistemas para la eliminación de los mismos en la propia cámara a la hora de registrar la fotografía y los resultados suelen ser plenamente satisfactorios. Sin embargo, muchos modelos basan el proceso de supresión en la toma de una segunda fotografía con el obturador cerrado pero de la misma duración que la original, para, una vez mapeadas las calenturas, eliminarlas con seguridad. Este método hace que la cámara esté inoperativa un buen lapso de tiempo una vez tomada nuestra foto, algo que puede llegar a ser muy incordiante.

Además, para realizar este tipo de trabajos se hace prácticamente indispensable disparar en formato RAW. La explicación en este caso es muy sencilla: muchos de los actuales programas de procesado, como el Adobe Camera RAW, son auténticos maestros en la eliminación de píxeles calientes (y ruido digital en general). El mero hecho de cargar en ellos nuestra fotografía con la configuración del software por defecto conllevará la supresión automática de los mismos, ahorrándonos a nosotros muchas horas de trabajo ingrato. Hemos mencionado el ACR como el programa “estrella” para el usuario de a pie que haga foto nocturna porque la eliminación de estos artefactos con él es instantánea, sin que medie nuestra intervención personal, pero también se puede lograr sin excesivas dificultades con otro tipo de software de procesado.

En resumidas cuentas y para abreviar… trabajando a una temperatura de unos cero grados se pueden lograr exposiciones de muchos minutos con muy bajo nivel de ruido a ISO100 y utilizando una vieja Canon EOS 300D. De la 350D, la 20D o la 5D puede decirse lo mismo. La serie 1D trabaja igualmente bien siempre que usemos las MarkII. Sin embargo, es de esperar que empleando otras marcas puedan hacerse fotografías equivalentes a esa temperatura sin problemas (aunque no lo he comprobado personalmente). En general, un tiempo de exposición mayor de cuarenta y cinco o sesenta minutos trabajando en digital ya no resulta muy recomendable, y a partir de aquí los resultados ya son más imprevisibles, aunque con el algoritmo de reducción de ruido activado en la propia cámara podríamos probar (mejor por el invierno). En caso de exposiciones extremadamente largas la utilización de una empuñadura que aloje dos baterías (si nuestra máquina dispone de ella), puede llegar a ser indispensable. Sin embargo, para realizar tomas de hasta una hora podemos trabajar con un sólo acumulador sin problemas. Recordemos que si vamos a estar situados en zonas muy frías debemos llevar las baterías convenientemente resguardadas ya que las bajas temperaturas acortan la duración de las mismas. En cualquier caso, tampoco hay que dramatizar: en la mayor parte de ocasiones podremos hacer trabajos de calidad con exposiciones de tan sólo unos pocos minutos y, en general, sin llegar a la media hora.

Algunos tipos de fotografía nocturna.

Por otra parte, hay varios tipos de fotografía nocturna bastante diferenciados. Existe un gran número de fotógrafos que recogen con sus cámaras paisajes totalmente naturales, muy alejados de los núcleos habitados. Este tipo de tomas requiere una preparación especial, totalmente distinta a la necesaria para realizar fotos similares en lugares relativamente urbanizados. Por lo general, las exposiciones son más largas, a no ser que la presencia de la luna ayude a iluminar la escena (en plenilunio los tiempos no tienen por qué extenderse demasiado) y es bastante común que el fotógrafo busque obtener la clásica toma en la que se observa el recorrido de las estrellas a lo largo del firmamento. También, en general, se suele abrir el diafragma del objetivo al máximo, a fin de aumentar la cantidad de luz recogida por el sensor de la cámara (y captar el mayor número de estrellas posible). El enfoque en estas situaciones suele ser complejo, y en muchas ocasiones es recomendable realizarlo antes de que se vaya la luz, componiendo previamente la escena, o bien ayudándose de sistemas de iluminación artificial. Además, debe conocerse la situación de los astros, ya que según orientemos la cámara respecto a los mismos obtendremos unos patrones de giro u otros. Muchos fotógrafos aficionados a esta disciplina utilizan también objetivos angulares, ya que permiten componer con más facilidad que los teles y, sobre todo, presentan mayor profundidad de campo. Cuando se trabaja en estas condiciones debe huirse de cualquier fuente de contaminación lumínica y buscar que la atmósfera se presente lo más limpia y clara posible, lo que hace a las zonas de alta montaña lugares idóneos para el trabajo. En otras ocasiones el fotógrafo buscará hacer fotografía pura de astros, astrofotografía real, disciplina también sumamente interesante a la par que compleja, que puede dar lugar a imágenes de gran belleza y que, en ciertas ocasiones, requiere el uso de instrumentos muy especializados, como telescopios y otros elementos, además de cámaras modificadas.

Sin embargo, el objeto de este artículo no es orientar a nadie para realizar tomas como las descritas en el párrafo anterior. Existen varios documentos en la red escritos por profesionales sumamente cualificados que pueden guiarnos con mucho más acierto por ese complejo mundo. Nosotros vamos a tratar de afrontar otro tipo de fotografía nocturna, totalmente diferente, en la que el elemento protagonista será en todo momento la obra humana, ya esté representada ésta por una factoría industrial, ya por un faro, ya por un pequeño pueblo o una gran ciudad. Esta modalidad fotográfica tiene algunos puntos en común con la fotografía nocturna tradicional, pero en muchos casos se aleja totalmente de ella, ya que varios de los elementos que usualmente se consideraban perniciosos pasarán a ser nuestros aliados en la captura de imágenes.

Vamos a repasar algunos de ellos:

  • Hora ideal: en general resulta recomendable que no esperemos a la caída completa de la noche. En los minutos previos al oscurecimiento total podemos tomar imágenes con exposiciones cortas, de tres o cuatro minutos (o menos), y la escena adquirirá un color azulado que resulta el complemento perfecto para los tonos naranja que previsiblemente surgirán y de los que hablaremos en el siguiente paso.
  • Contaminación lumínica: lejos de huir de ella intentaremos buscar su presencia. Esto no siginifica que estén obligatoriamente presentes las fuentes emisoras de luz, sino que su acción se dejará notar en la atmósfera, para que ésta adquiera el típico color amarillento-anaranjado de las luces de ciudad. Esto pondrá el contrapunto al azul general de la escena si disparamos antes de que la noche caiga totalmente o bien con luna llena.
  • Atmósfera: si hay algo de niebla, además de nubes, mejor que mejor. Cuando hay suficiente luz artificial la niebla hace que reverberen las partículas gaseosas de la atmósfera pasando ésta a comportarse como un emisor global de luz omnidireccional. Este fenómeno da gran volumen a nuestras fotografías y permite la creación de suaves degradados a lo largo del cielo.
  • Mezcla de luces: si estamos trabajando en un entorno fuertemente iluminado, como por ejemplo una fábrica, la mezcla lumínica suele ser perfecta para aportar vida a nuestras imágenes. Los entornos industriales cobran nueva vida al anochecer y los tonos complementarios surgen de forma rápida y bastante espectacular. Debemos aprovechar este fenómeno si tenemos posibilidades de hacerlo.
  • Apertura del diafragma: procuraremos cerrar entre f/11 y f/16. Esto permitirá dos cosas simultáneamente: en primer lugar, los puntos emisores de luz adquirirán una morfología en forma de estrella, bastante agradable a la vista, y en segundo lugar, aumentaremos en la medida de lo posible la profundidad de campo, lo que permitirá corregir posibles defectos de enfoque. Hay que tener en cuenta que los paisajistas suelen tender al uso de angulares pero nosotros en muchas ocasiones deberemos recurrir al tele, ya que es frecuente que las instalaciones que deseamos fotografiar sean de acceso restringido y debamos hacerlo desde fuera. Para enfocar procuraremos centrarnos en un punto emisor de luz, ya sean las luces de una ciudad, ya la linterna de un faro, ya los focos de las instalaciones que queramos fotografiar. Al principio, sobre todo utilizando una cámara APS-C, cuesta un poco, pero es posible.

Teniendo todo esto en cuenta es fácil suponer que la búsqueda de localizaciones que cumplan todos los requisitos no es sencilla. Debemos conocer a la perfección la zona que queremos fotografiar y visitarla detenidamente durante el día, pero imaginándonos la transformación cuando se vaya a poner el sol. En caso necesario podremos volver por la noche simplemente a controlar qué aspecto presenta. Si permanecemos allí según se va poniendo el sol para ir comprobando las variaciones de luz, mejor que mejor. Además de lo anterior, tendremos que asegurarnos plenamente de la seguridad de los lugares que visitemos, ya que hay muchas zonas potencialmente conflictivas cerca de ciertas áreas industriales e incluso en puntos más o menos rurales, donde no es la primera vez que sale un perro de buen tamaño de los matorrales. Según esto, y a nivel personal, recomendaría tener precaución con este tipo de cosas. No estamos hablando tampoco de llevar un arsenal armas blancas ilegales escondido para apuñalar a lo primero que veamos, pero sí de adoptar las mínimas medidas aconsejables y, si estamos en una zona rural solitaria, llevar un buen palo que servirá para que nos apoyemos en él en caso de resbalón y para intimidar/vapulear a un animal peligroso, sea de la especie que sea.

Por otra parte, cada toma requiere una climatología concreta. Ya hemos comentado anteriormente que es fundamental la presencia de nubes para dar atractivo a nuestra imagen, pero eso no es todo. Antes decíamos que en algunas ocasiones la niebla es una gran ayuda para otorgar volumen a nuestra escena, y puede ser indispensable en el caso de motivos muy complejos, como una central térmica, donde todas las luces se concentran en la parte inferior de la foto quedando las chimeneas en la más absoluta oscuridad si la atmósfera se presenta diáfana y clara.

Exposición perfecta.

¿Y cómo calculamos la exposición ideal?. En estos casos es bastante difícil dar una norma ya que estamos partiendo de fotografías en las que existe un alto grado de contaminación lumínica y también, probablemente, focos emisores de luz. Esto quiere decir que las condiciones de una imagen en concreto no son reproducibles y por tanto debemos afrontar cada situación partiendo de cero. Si podemos estar en la localización a medida que el sol se va ocultando no resulta demasiado complejo ir adaptando los tiempos de exposición a la situación cambiante más o menos a ojo (evidentemente, usando un disparador y poniendo la cámara en modo bulb). Al principio, el nivel de luz será aceptable y podremos hacer exposiciones de treinta o cuarenta segundos que nos permitirán comprobar el aspecto general que va presentando nuestra imagen. Posteriormente, debemos ir alargando estos tiempos de exposición según lo requieran las circunstancias. Cuando está a punto de caer totalmente la noche es habitual que en un minuto ya perdamos dos o tres diafragmas, algo que debemos tener muy en cuenta. En general, esta toma de fotografías secuencial, desde que hay todavía una “aceptable” luz diurna hasta que ésta se desvanece totalmente garantiza los mejores resultados, ya que al final nos permitirá obtener una colección de imágenes en condiciones diversas de las que podremos optar por la que más nos convenza.

Sin embargo, existe otra forma de afrontar el reto que pasa por esperar a una noche total o parcialmente despejada de luna llena. En estas ocasiones la luna sustituirá al sol como elemento emisor de luz de relleno y su presencia permitirá iluminar toda la escena, surgiendo así una luz ambiental base capaz de complementar en gran medida con las fuentes luminosas artificiales. En este caso procuraremos ir a realizar nuestra fotografía bien entrada la noche. La luna, por su parte, debe iluminar, pero no aparecerá en nuestra imagen, ya que quemaría totalmente la fotografía. Como ahora las condiciones de luz son más o menos constantes podemos calcular la exposición con bastante más comodidad. Un método que a mí me ha dado buenos resultados es subir el ISO de nuestra cámara al máximo, ya sea 1600 o 3200, para después tirar una foto de prueba de unos dos o tres minutos. Luego comprobaremos el histograma de la imagen obtenida y corregiremos la exposición a la alza o a la baja, hasta que la ajustemos de forma más o menos exacta. Posteriormente, todo se resume a bajar la sensibilidad de la cámara al mínimo, ya sea ISO100 o 200, según el modelo, y realizar la corrección oportuna. Así, sabemos que a ISO1600 la cámara es 16 veces más sensible a la luz que a ISO100, de modo que sólo debemos multiplicar el tiempo de exposición por ese factor para obtener la exposición correcta. Hay que tener en cuenta que al hacer esto, sin embargo, sólo estamos asegurando que expondremos nuestra toma correctamente, pero ésta se verá afectada por el factor temporal, es decir, las nubes que es posible que viéramos a ISO1600 se convertirán en borrones y se apreciará claramente el movimiento de las estrellas.

Ejemplos prácticos.

Vamos a repasar un poco algunos ejemplos que nos ayuden a dar sentido a la charla anterior. En ciertas fotos procuraré dar, de memoria, los tiempos de exposición. Son anecdóticos, por lo que comenté antes de la variabilidad en cada toma, pero a modo de curiosidad pueden servir.

En primer lugar, vamos a comprobar la importancia de elegir una hora adecuada para realizar nuestra fotografía. Las siguientes imágenes corresponden a dos fotos consecutivas tomadas a un faro tras el cual se localiza una ciudad y una zona industrial. En el primer caso todavía había “bastante” luz ambiental (entiéndase esto como algo relativo, realmente ya no se veía el entorno con facilidad) y se realizó una exposición de pocos minutos, menos de cinco. Como se observa, la luz muy rojiza de los últimos rayos de sol que llegaban a traves de una capa nubosa tiñó toda la imagen de rosa, dándole un aspecto muy irreal. No se corrigió el balance de blancos para acentuar este efecto. La longitud de la exposición fue suficiente para difuminar el agua y el humo del horizonte, además de permitir ver con claridad el resplandor del faro.

Fr�o, fotos nocturnas y entornos urbanizados.

Una vez finalizada la toma superior a estas líneas se disparó la foto que nos ocupa ahora. En este caso el tiempo de exposición fue mucho más largo, superior a veinte minutos. Sin embargo, la luz solar ya no incidía (aunque fuera de rebote) en el primer plano, que ahora carece de detalle. Además, las diferencias lumínicas entre la zona superior e inferior de la imagen son tan grandes que la luz del faro cobra ya demasiada preponderancia y aparece el flareo. Si hubiéramos llegado demasiado tarde sólo podríamos haber obtenido esta última imagen, que no es precisamente la mejor de la serie.

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Lo mismo se puede decir de esta otra fotografía, en la que surgen varios pequeños focos de luz puntuales que se ven con mucha claridad. Al cerrar el diafragma hemos logrado transformarlos en estrellas y presentan una apariencia muy agradable, al tiempo que el color azulado del cielo pone el contrapunto perfecto a los naranjas del primer plano. La luz ambiental fue suficiente como para iluminar toda la escena en general, no habiendo pérdida de detalle en ningún punto, sin embargo, ya se nota claramente el efecto de las fuentes luminosas artificiales, que moldean la forma de la estructura a la perfección. Si hubiéramos esperado más tiempo el cielo sería totalmente negro y las áreas no iluminadas por los focos carecerían totalmente de detalle.

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La importancia de la hora adecuada, además de la presencia de nubes, puede apreciarse más, si cabe, en la siguiente panorámica compuesta de cuatro fotografías. Es una vista de Gijón y cada foto se tomó realizando exposiciones cercanas a un minuto. Posteriormente, las imágenes se fusionaron y se corrigieron ligeramente las zonas de unión entre nubes. En este caso el movimiento de los cúmulos nubosos imprime mucha plasticidad a la imagen y si no estuvieran presentes la fotografía perdería gran parte de su espectacularidad. El cielo azul, al igual que en las tomas anteriores, se presenta como fundamental para complementar los tonos más amarillos de la urbe y también de las nubes, que los reflejan.

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Sin embargo, y como comentábamos, también es posible hacer fotos nocturnas bien entrada la noche. Debemos asegurar que en estos casos va a existir siempre una fuente de luz secundaria, además de la principal que será el motivo de atención en nuestra toma, para que toda nuestra escena pueda ser representada correctamente. La luz secundaria puede provenir de la luna, como dijimos antes, o bien ser obra del ser humano.

En esta imagen, por ejemplo, se contó con la luna para dar volumen y textura a la columna de humo emitida por la chimenea. A pesar de la densa humareda se puede observar que la zona más iluminada se quemó bastante y que en las partes inferiores de la fábrica no existe mucho detalle. A pesar de esto, la foto se salva por ser perfectamente reconocible el perfil de las instalaciones que constituyen la factoría. Fue suficiente realizar una exposición de menos de un minuto para registrar la escena. No cabe duda que hubiera tenido bastante más calidad si el sol aún iluminara ligeramente, pero en ese caso no dispondríamos nuestro satélite, que también aporta espectacularidad.

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De la misma forma, la luz de la luna permitió iluminar las partes en sombra de este faro al tiempo que la contaminación lumínica provocada por la ciudad y el área industrial situados a unos quince kilómetros tiñeron el cielo de naranja. Esto sólo es posible si existe una relativa capa de nubes, ya que de otra forma el cielo resultaría totalmente negro (las estrellas, a diafragma cerrado y con semejante cantidad de luz parásita se verían a duras penas).

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En esta otra toma se reproducen condiciones de iluminación muy parecidas. La atmósfera, muy cargada, actúa como reflector natural y reverbera por sí misma, gracias a la fuerte luz ambiental que proviene de la contaminación lumínica. La luz de la luna, sin embargo, es suficiente para iluminar los planos más cercanos, que se ven totalmente azules.

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Hay que aclarar que estas dos últimas fotografías corresponden a exposiciones muy largas, de prácticamente media hora. Así que a pesar de verlas con unos tonos tan llamativos, a simple vista el entorno estaba totalmente negro (no eran noches de luna llena). Por tanto, es muy recomendable conocer bien la localización de las fuentes de luz ambientales cercanas (en un radio de unos diez o quince kilómetros o incluso más si es una gran ciudad) para intuir donde surgirán las áreas de luminosas en nuestras imágenes finales y utilizar esta información con fines compositivos, ya que es probable que a simple vista no las veamos.

Donde mejor se observa el efecto de la luz reflejada por la luna llena en una noche parcialmente despejada es en la siguiente imagen, tomada por David en las cercanías de Gijón. Se puede apreciar sin ninguna dificultad como ciertas áreas del cielo y partes no afectadas por la contaminación lumínica resultan totalmente visibles, siendo el efecto similar al obtenido cuando todavía quedan algunos rayos residuales de sol (aunque la calidad es ligeramente distinta, ni mejor, ni peor).

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Ya hemos visto con algunos ejemplos la importancia de las nubes, las fuentes de contaminación lumínica, la elección adecuada de la hora y la fase de la luna. Sin embargo, también hablamos en su momento del papel de los fenómenos atmosféricos locales, como la niebla. Ya en alguna fotografía presentada anteriormente se observa como ésta es fundamental para teñir toda la escena, pero hay casos aún más extremos, como el de la siguiente imagen, que nos presenta una central térmica en funcionamiento. El problema en esta fotografía era siempre el mismo, sólo salía iluminada la zona más brillante de la factoría, quedando la chimenea y el entorno sumergidos en la negrura más absoluta. Hubo que esperar a un día de intensa lluvia y niebla para, utilizando un teleobjetivo, hacer la toma desde un monte cercano. En esta ocasión, la atmósfera actuó nuevamente como un reflector natural de gran potencia y permitió iluminar toda la escena. Nuevamente, evitamos tomar la foto en noche cerrada, para permitir un mínimo de luz ambiental.

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Y lo mismo puede aplicarse a esta otra foto, que, a diferencia de la anterior, sí ha sido realizada a altas horas. En esta ocasión se trata de una fábrica de productos farmaceúticos que utiliza para su refrigeración el agua del río que pasa tras ella. Esto genera enormes nubes de vapor que son capaces, por sí solas, de reflejar la luz ambiental con gran intensidad, lo que nos permite ver con claridad todo el edicio. Esta vez, sin embargo, la imagen tiene menos gracia que en ocasiones anteriores, ya que hemos esperado demasiado para tomar la foto y al no haber ya nada de luz solar reflejada, ni tampoco luz de luna, todos los tonos de la fotografía se presentan amarillos y mortecinos. Además, la parte inferior de la toma ha perdido detalle por ese mismo motivo. Son las consecuencias de un error de cálculo en la hora y la noche del disparo.

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En el caso de que necesitemos urgentemente hacer una foto parecida a la imagen superior y no haya ningún tipo de niebla o lluvia que actúen como reflector también puede recurrirse a una solución de emergencia que pasa por el uso de un filtro degradado neutro de dos o tres diafragmas. Situaremos la zona oscura del filtro sobre las partes más luminosas de nuestra toma, a fin de compensar un tanto el exceso de luz en estos puntos, y posteriormente comenzaremos a rezar un Rosario (puede que nos dé tiempo) para que nuestra medida sea suficiente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todos los filtros permiten obtener una imagen de calidad, es decir, los clásicos Cokin de diez euros no cumplen los mínimos requisitos exigidos y su utilización da lugar a todo tipo de fenómenos indeseados. Existen varias marcas que venden filtros equivalentes de cristal y calidad indiscutible, pero pueden llegar a ser realmente caros (cerca de los doscientos euros). En última instancia, siempre podemos recurrir a realizar varias exposiciones y luego integrar las diferentes imágenes con cualquier programa que soporte capas.

Otro recurso bastante usual si nuestras fotografías tienen unos tonos demasiado uniformes o manifiestan una fuerte dominante debido a la monotonía de las fuentes de luz del lugar es virarlas al duotono que más nos guste. Evidentemente, esto sólo puede hacerse cuando la imagen está bien expuesta y presenta mucha textura, ya que en otro caso surgirá la inevitable posterización. En el siguiente ejemplo hemos optado por hacer un virado en el que imperan los colores azules para dar aspecto de cómic a una foto que, de por sí, sin estar mal, presentaba una dominante demasiado acusada. Lo mismo podría intentarse con la imagen anterior a ésta, donde además un procesado por capas también ayudaría notablemente.

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Por último debemos hablar de todas aquellas fotografías que, aún siendo nocturnas, no requieren exposiciones superiores a unos cuantos segundos o un minuto porque los elementos de la escena son muy luminosos. Este tipo de situaciones podemos hallarlas con facilidad si nos encontramos en las cercanías de entornos industriales de cierto tipo o bien en las calles de una ciudad. En estos casos es muy recomendable buscar, como se comentaba anteriormente, una cierta mezcla de luces que enriquezca la imagen. Las dos fotos superiores adolecían de cierta variedad en sus tonalidades que les aportara interés, sin embargo, en la toma que se encuentra bajo estas líneas el problema lo hemos resuelto mostrando simultáneamente elementos iluminados de distinta forma.

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Con entornos tan complejos como el que nos ocupa puede ser igualmente buena idea utilizar el tele y aislar ciertos elementos de la escena que de por sí sólos pueden constituir fotografías interesantes. En este caso hemos optado por la zona de liberación de gases y el alto horno para tomar dos nuevas fotos sin necesidad de movernos de nuestra ubicación:

Fr�o, fotos nocturnas y entornos urbanizados.

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Al margen de las condiciones fotográficas merece la pena repetir que debemos tener en cuenta la restricción de entrada a los complejos industriales salvo obtención de un permiso expreso de sus responsables. Todas estas fotos están tomadas desde fuera de las instalaciones.

El caso extremo en cuanto a iluminación artificial se refiere lo tendremos dentro de la ciudad, sobre todo si hablamos de espectáculos como los fuegos artificiales o las atracciones de feria. Realmente, fotografiar fuegos tiene su propia técnica, de modo que no entraremos aquí en ella. Baste decir que en estas situaciones tan particulares prácticamente no hay que considerar ya la imagen como “foto nocturna” a efectos prácticos y podemos trabajar como si de una toma normal se tratara. Por ejemplo, en la siguiente fotografía el hombre ni siquiera se ha movido, lo que ilustra sobre el cortísimo tiempo de exposición, a penas de unos segundos. En estas circunstancias suele ser bastante efectivo jugar con la combinación de elementos móviles e inmóviles, para dar más espectacularidad a las imágenes. Así, nosotros nos hemos aprovechado de la rotación de la noria para imprimir a la escena un efecto más creativo.

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Recomendaciones finales.

Merece la pena dedicar también un pequeño párrafo a los sistemas de iluminación ya que en muchas ocasiones podemos llegar a vernos totalmente envueltos en la oscuridad, situación bastante desagradable especialmente si estamos lejos del coche. Resulta por tanto recomendable llevar dos tipos de linterna: en primer lugar, una de gran potencia para desplazarnos con comodidad (las que equipan leds blancos son actualmente las mejores, pero resultan muy caras y consumen gran cantidad de pila, dependiendo de la luminosidad de las mismas), y en segundo lugar, otra lámpara de las que se pueden situar sujetas en nuestra frente, como las típicas fuentes de luz que usan los espeleólogos o los mineros (aunque tampoco hay que ser tan exagerados, por muy poco dinero se venden sucedáneos igualmente efectivos para nuestros propósitos). Esta linterna secundaria no será la que utilicemos para nuestros desplazamientos, pero sí la fuente de luz auxiliar para trabajar con nuestras cámara, a fin de poder ver en todo momento lo que hacemos y el estado de la misma.

En cuanto a la ropa, y si vamos a un lugar muy frío y ventoso, es aconsejable que compremos alguna prenda de alta montaña que sea capaz de cortar el viento y, de paso, nos proteja del agua. Actualmente existen en el mercado gran variedad de marcas que fabrican prendas muy adecuadas para estos menesteres, si bien no son especialmente baratas. Debemos huir de los tejidos de lana y cualquier otra cosa que no sea capaz de detener el viento o bien que empape el agua, ya que en ciertas situaciones podemos acabar totalmente congelados a pesar de llevar cinco o seis capas encima. Personalmente, he tenido alguna noche de auténtica pesadilla por culpa de esto último ya que en ciertos puntos costeros los vendavales nocturnos pueden ser exagerados. Es importante también llevar guantes que, a poder ser, nos permitan manejar la cámara y es buena idea hacerse con algo que nos proteja la cabeza y el cuello. Evidentemente, si vivimos en el sur, estas medidas pueden ser inútiles.

Conclusión.

Como hemos podido ver a lo largo del artículo, en la fotografía nocturna donde la presencia de elementos humanos emisores de luz es el centro de atención no se pueden estandarizar las pautas de actuación. Cada escena presenta, de por sí, toda una serie de características propias y la resolución de la misma pasa por el análisis detallado de todos los puntos: situación y climatología del lugar, presencia de núcleos urbanos o industriales en las cercanías, control de las fases de la luna, elección del encuadre más apropiado, comprobación del movimiento de las nubes, humos, u otros objetos del entorno… una vez que tengamos clara la pauta de actuación deberemos pensar por fin en realizar la foto equipándonos tan a fondo como necesitemos, y siempre teniendo claro que lo más fácil es meter la pata y no obtener los resultados deseados, ya que, por mucha previsión que uno tenga, este tipo de escenarios suelen ser casi siempre impredecibles. Como siempre, lo más importante es no perder los ánimos.

Una respuesta a Frío, fotos nocturnas y entornos urbanizados.

  1. aj dice:

    Impresionante….

    Hace unos pocos dias me preguntaba si existia algo parecido, y me asomo por aqui, y oh!!! sorpresa… una explicacion simple y llana…. me lo tengo que leer con detenimiento y salir a probar un poco….

    Gracias y un saludo

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