Sobre frikis y respaldos digitales.

Nota: si has llegado aquí a través algún foro en el que se me critique explícitamente de forma personal y profesional, deberías LEER ESTO.

Hace ya un tiempo que publicamos David y yo la prueba del Leica Digital-Modul-R (DMR) en Caborian. Este asunto no tendría demasiada importancia si no fuera porque, aún después de muchos meses, nuestro análisis sigue siendo objeto de morbosa atención por parte de buen número de usuarios de la marca y aficionados a cierto tipo de fotografía en general.

Si hacemos memoria, en su día concluimos que el respaldo en sí mismo era un auténtico desastre por varios motivos entre los que se hallaban el fatal rendimiento en cuanto a ruido en ISOs altos, la mala pantalla que equipaba la máquina, la lentitud de la misma al arrancar y operar, la fatal corrección de moiré incorporada, los repentinos e inexplicables cuelgues debidos a la mala programación del firmware, la pésima traducción de los menús… por si fuera poco, cuando comparamos las imágenes cara a cara con las obtenidas con una simple Canon EOS 350D no pudimos apreciar que el respaldo aventajara a esta última (más bien lo contrario). Todo ese cúmulo de despropósitos y también algún otro nos hizo escribir que pagar los 4500 euros que Leica pedía por su DMR se nos antojaba excesivo. En su momento estimamos que el precio apropiado del aparato debería rondar los 1500 euros, y hoy en día, con máquinas como la Nikon D200 en el mercado, no pagaría por él más de 1000, sobre todo teniendo en cuenta que es un extraño refrito analógico-digital de dudosa ergonomía e integración.

Nuestra prueba no hubiera ido más allá si el fabricante del artefacto hubiera sido una marca menor, sin embargo parece que cometimos la imprudencia de criticar a la intocable y las consecuencias no se hicieron esperar. Oleadas de usuarios enfurecidos no tardaron en afirmar que sin lugar a dudas éramos poco más o menos unos parias, indignos de tamaño producto, y por tanto, incapaces ya de valorarlo. No habíamos captado la “filosofía”, la “esencia” y muchas otras cosas importantes por el estilo. Así, en nuestro análisis decíamos (según ellos) varias cosas absurdas, a saber:

  • Habíamos comentado que la 350D tenía mucho menos ruido a ISOs altos, cuando todo el mundo sabe que Leica no fabrica cámaras para disparar a más de ISO 200.
  • Decíamos que el respaldo era terriblemente lento al arrancar, pero es sobradamente conocido que el DMR no se fabricó para hacer fotos de acción.
  • La pantalla era de pésima calidad… ¿y qué?, ¿ la íbamos a utilizar para ver la tele ?, seguro que no.
  • La batería duraba poco, pero eso siempre puede solventarse comprando diez, ¿cómo no habíamos caido en la cuenta?, además, ¿no se incluye un adaptador para el mechero del coche?.
  • La teórica extraordinaria calidad de imagen disparando a ISO 100 no se veía por ningún lado, pero eso era debido exclusivamente a nuestra ignorancia.
  • El precio parecía excesivo, sin embargo, ¿quién ha dicho que Leica trabaje para pobres?, ese detalle no tenía ningún tipo de sentido y además, comentarlo implicaba una terrible falta de clase y señorío.

Pero no se acabaron aquí las cosas. En algunos foros los usuarios incluso apelaron a cuestiones como el “sentimiento”, “el corazón” o “los impulsos” para justificar la compra. Mostraron también fotos insulsas y ridículas en las que sin duda todos deberíamos notar el buen comportamiento de la máquina (comportamiento que inmediatamente ratificaba su piña de seguidores, curiosamente siempre la misma). De esta forma, se crearon largos y plomizos hilos en los que más o menos siempre imperaban las mismas personas pretendiendo defender a capa y espada lo que a ojos racionales resultaba indefendible por sí mismo.

En su día pensé que todo esto se debía, sin duda, a que resultaba muy duro gastar semejante cantidad de dinero para comprobar que todas las expectativas puestas en nuestro producto soñado se quedaban en agua de borrajas, de modo que la defensa pública de nuestra postura era la única opción para lograr dormir un poco más tranquilo. Sin embargo, ahora empiezo a dudarlo ya que existe un buen número de personas que, aún a sabiendas de lo que hacen, continúan en sus trece y adquieren uno de estos productos, para, normalmente, no hacer fotografías con él (de ahí que tampoco lo sufran y se queden tan anchos con su adquisición).

Estos personajes son tipos, en general, que jamás nos mostrarán una de sus fotos porque, o bien no saben hacerlas (es lo más corriente), o son demasiado artistas para ocuparse de cosas tan vulgares como divulgar pedazos de su alma por doquier (y además para espíritus poco sensitivos). Sin embargo, a pesar de esto último, este individuo que a partir de ahora llamaremos “el friki”, bombardea constantemente en las secciones técnicas de las más diversas webs para hacer valer a toda costa su postura, que suele implicar la defensa de productos fotográficos que los usuarios han dejado de lado por razones más que obvias. Como tampoco son capaces de argumentar nada sólido, porque carecen de razones, cuando alguien (sea yo o sea otro) publica algo que no les gusta se limitan a considerar que “no se ha hecho bien la prueba” sin ser capaces de argumentar en ningún caso de forma objetiva por qué (lógico).

De esta manera, la figura del friki se hace conocida a la par que bastante cargante. El friki confunde, despista a los usuarios, los insta a tomar opciones arriesgadas, argumenta cosas totalmente subjetivas y, en general, se atreve a hablar de equipos fotográficos cuando ni siquiera es capaz de mostrarnos una de sus imágenes. ¿En qué puede basar su opinión aquel que no hace fotos?, ¿ha trabajado alguna vez con su cámara en condiciones extremas?, ¿ha tenido un percance?, ¿ha acudido al servicio técnico?, ¿se ha dado cuenta en alguna ocasión de si esos dos segundos que tarda activarse su equipo son vitales o no?, ¿padece él la poca duración de las baterías?, ¿sufre que el fotómetro de su cámara mida mal si se da el caso?, ¿se da cuenta de que la carencia de autofocus le priva de hacer gran número de instantáneas?. Evidentemente, la respuesta es negativa a todas y cada una de las preguntas. Sin embargo, a él le da igual, él no valora aspectos así. El friki está por encima de nosotros y su elevado grado de percepción le permite considerar las facetas estéticas no ya de la fotografía en sí misma, sino de las máquinas que la realizan, que pasan a convertirse en objetos de deseo. Él no hará fotos, de acuerdo, pero apreciará mejor que nadie aspectos tan cruciales como la presencia de nobles materiales en su cacharro, que su visor sea telemétrico, que el espejo haga “crick” en vez de “creck” al levantarse, que pueda controlar todas las funciones con ruedecillas y palanquitas en vez de con un monitor y una cruceta… experimentará una sensación cercana al placer sexual cada vez que dispare, pero jamás lo hará a un motivo en concreto, simplemente desea oir el sonido de la máquina al trabajar, a él ya le vale.

Es una lástima que el 98% de los usuarios deseen adquirir su cámara para realizar fotografías y que busquen cosas tan prosaicas como la resistencia a los agentes externos, un buen autofocus, alta calidad a ISOs altos y otras menudencias por el estilo. En cualquier caso, el friki sabe que es en todo superior, él ha sido capaz de captar “la filosofía” de los productos, el “espíritu” de los mismos, y se da cuenta de que el resto de los mortales jamás podremos hacerlo. Además, a una mala, si se ve muy acorralado por el populacho, también podrá esgrimir el estúpido argumento final de la “calidad de imagen legendaria de tal o cual lente” tan vacío en el mundo digital. Yo, por mi parte, ya me he puesto a eso de elevar mi alma, a ver si algún día termino de comprender por qué comparar un DMR con una EOS 350D sólo puede ser cosa de profanos, insensibles e imbéciles. Además, ahora que lo pienso, siempre he tenido curiosidad por averiguar que es ese “no se qué” que tienen las fotos tomadas con un respaldo.

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